Para bien o para mal, coincidimos en una fiesta, a la que fuimos invitados más por cortesía que por gusto.
Sin embargo, la comida gratis a nadie le cae mal.
A mi me dolía el brazo derecho. No obstante, esto no fue impedimento para que bailara de un lado al otro de la pista.
Por obvias razones Bu observó desde la primer fila las vueltas que tanto daba pese al aparato ortopédico de su brazo.
En la penumbra propia de un salón de fiestas, de pronto sus miradas se cruzaron y levantaron sus copas discretamente.
A él le gustaba ella... y a ella le gustaba él... pero ninguno se acercó y se limitó a preguntarle a sus compañeros de mesa si conocían al otro...
Fue tal la curiosidad de sus rostros que a la menor oportunidad sus acompañantes, prestos fueron a presentarlos.
Y fue así... como nos conocimos...

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